Organización social renacentista
La sociedad siguió estando dividida en distintos grupos según sus privilegios (la nobleza, por lo general, no pagaba impuestos) o el grado de riqueza (la burguesía enriquecida por la industria o el comercio). La sociedad europea hubo de adaptarse, pues, a las nuevas circunstancias económicas, pero no lo hizo del mismo modo en todos los países. Ese proceso estuvo sujeto a las circunstancias propias de cada país, entre las que el desarrollo del comercio fue determinante. Italia, con una gran tradición comercial y sin unidad política, las cosas apenas variaron y la nobleza mercantil de las ciudades del norte siguió entregada a sus actividades y al ejercicio del gobierno de las pequeñas repúblicas. En los Países Bajos, potenciaron el nacimiento de una sociedad de clases donde lo importante era la posesión de riquezas. En Alemania, los nobles mantuvieron una mayor independencia frente al poder político real, la nobleza de sangre no se mezcló con la burguesía de negocios. En Francia, la reciente clase burguesa buscó emparentarse con la nobleza o se interesó por la compra de cargos y títulos nobiliarios.
En España la nobleza, enriquecida en parte por el oro y la plata americanos, compró tierras y se limitó a vivir de las rentas que éstas producían. La incipiente burguesía pronto se vio afectada por la inflación, y la subida de salarios acabó con parte de la industria. El catolicismo condenaba la usura y los banqueros que se enriquecían en España eran extranjeros o judíos. Todo ello repercutió negativamente en el proceso modernizador español.
Aun así, la Iglesia siguió siendo, en los países católicos, una institución rica y poderosa a costa de dos tipos de impuestos religiosos, el "diezmo" y la "primicia", que como se hacían en especie (productos agrícolas) no se vieron afectados por la inflación. No obstante, en los países protestantes, los reyes y los príncipes se apoderaron de gran parte de los bienes y riquezas de la Iglesia.





